
Según el BCE, la economía de la eurozona evoluciona mejor de lo previsto. Para 2026, la institución estima ahora un crecimiento económico del 1,2 %. Esta revisión al alza se debe principalmente a un aumento del gasto de los hogares y las empresas dentro de la propia economía. La demanda interna está mostrando más resiliencia de la esperada.
La inflación de la eurozona se situó en enero en el 1,7 %, según los datos preliminares. De este modo, el incremento de los precios cae por debajo del objetivo del 2 % fijado por el BCE. La bajada de la inflación se explica, entre otros factores, por la caída de los precios de la energía y por una menor presión sobre los precios de los bienes.
Aunque la inflación ha descendido, el BCE se mantiene prudente. El banco central quiere evitar un nuevo repunte más adelante, debido, por ejemplo, al aumento de los salarios o a las tensiones geopolíticas.
Con esta decisión, el BCE no ha enviado ninguna señal sobre una posible bajada o subida de tipos más adelante. La institución insiste en que la política monetaria seguirá siendo dependiente de los datos, especialmente de las cifras de la inflación y los salarios, que marcarán los próximos pasos.
Esto significa que el coste de los préstamos seguirá siendo relativamente alto por ahora. Los costes de financiación para los bancos apenas cambian, por lo que se espera que las hipotecas y los créditos también varíen poco. Asimismo, los tipos de interés de los depósitos se mantendrán estables durante los próximos meses.
A nivel internacional, predomina una actitud similar de cautela. El banco central estadounidense, la Reserva Federal, decidió mantener sus tipos de interés sin cambios. Al igual que el BCE, la Fed espera más señales que confirmen que la inflación sigue encaminándose hacia su objetivo del 2 %.
Aunque el BCE no sube ni baja los tipos, algunas entidades pueden ofrecer tipos más competitivos si necesitan captar liquidez.
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