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El encarecimiento de la energía, cuyo precio se elevó hasta el 10,3 % frente al 8,5 % de junio, fue la principal razón del aumento de la inflación. También los precios de los bienes industriales no energéticos, que crecieron un 0,9 %, y los servicios, que subieron hasta el 3,3 %. Por el contrario, el coste de los alimentos, el alcohol y el tabaco se moderó tres décimas hasta el 1,2 %.
En cuanto a la inflación subyacente, que no incluye los alimentos frescos y la energía por la volatilidad de sus precios, subió una décima hasta el 2,5 %. Por países, los datos varían según la región: 15 Estados miembros registraron bajadas en sus tasas anuales y tres las mantuvieron igual, mientras que en nueve países la tasa subió.
Suecia, República Checa, Dinamarca y Hungría fueron los países con una inflación más moderada, en contraste con Rumanía, Lituania, Chipre y Bulgaria, que registraron las subidas más fuertes.
España, con una inflación del 3,9 %, superó a las principales economías europeas: Italia (2,9 %), Alemania (2,8 %) y Francia (2,4 %). Su tasa fue de casi un punto más que la media de la Unión Europea, y quedó por detrás de Lituania (5,4 %), Chipre (4,4 %) y Bulgaria (4,4 %).
Con estos datos, puede que se cumplan las expectativas de los mercados: que el Banco Central Europeo (BCE) suba sus tipos de interés en la próxima reunión del 10 de septiembre, como analiza el pronóstico de tipos de agosto.
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