Por su parte, la inflación subyacente, que excluye la energía y los alimentos frescos por la volatilidad de sus precios, avanzó una décima hasta alcanzar el 3 %. Esta aceleración refleja que las presiones sobre los precios se están volviendo estructurales, alejando a ambos indicadores del objetivo del 2 % fijado por el Banco Central Europeo (BCE).
El aumento del IPC coincide con la retirada gradual del paquete de ayudas estatales puesto en marcha tras el estallido de la crisis con Irán. Aunque el plan gubernamental contemplaba recortar los estímulos durante el verano, la normativa incluye una cláusula para pausar la medida en caso de nuevos repuntes inflacionarios. La ruptura de la tregua, sumada a los nuevos ataques, ha reactivado la inestabilidad en los mercados y ha hecho que el barril de petróleo Brent alcance la horquilla de 90-100 dólares, un encarecimiento que ha llegado a los surtidores.
Organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) advierten que este escenario condiciona la recuperación global y complica las decisiones de política monetaria de los bancos centrales.