
El Índice de Precios de Consumo (IPC) de EE. UU. subió un 0,3 % intermensual en febrero, tras un aumento del 0,2 % en enero. La inflación fue del 2,4 %, sin cambios respecto a enero. Sin embargo, la inflación subyacente, que excluye la energía y los alimentos por su volatilidad, fue del 2,5 % interanual, por encima del objetivo de la Fed del 2 %.
Resulta llamativo que la vivienda fuera una vez más el factor que más contribuyó al aumento mensual. Los precios de los alimentos también subieron un 0,4 % mensual, mientras que los de la energía aumentaron un 0,6 %. Esto indica una presión de precios generalizada, a pesar de la tendencia de enfriamiento de los últimos años.
Para la Fed, estas cifras parecen confirmar la política actual: la inflación no está bajando más, pero tampoco se está acelerando de forma significativa.
El tipo de interés se encuentra actualmente en el rango del 3,50 al 3,75 %. Tras los recortes de 2025, la Fed parece que prefiere esperar y ver. El hecho de que la probabilidad de un ajuste sea prácticamente inexistente, según la herramienta CME FedWatch, se debe a tres factores:
Una subida de tipos es poco probable, ya que la inflación es menor que en los picos de años anteriores. Una reducción también es improbable, dado que la inflación subyacente permanece estancada en torno al 2,5 %.
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